Proyecto interno
Revisión del tablero que usamos para seguir los casos de ortodoncia y tratamientos largos, con foco en lo que el paciente realmente necesita entender.
El tablero anterior acumulaba datos clínicos y administrativos en la misma vista. Cuando una familia llamaba para saber en qué etapa estaba su tratamiento, teníamos que abrir tres pantallas distintas. La ficha digital ya existía, pero la lectura diaria era lenta y se prestaba a confusiones entre controles de higiene y sesiones de ajuste.
Las columnas mezclaban estado clínico, obra social y saldo pendiente. El recepcionista tenía que interpretar códigos que solo el odontólogo entendía, y eso generaba llamadas de ida y vuelta antes de confirmar un turno.
Separamos dos vistas: una clínica para el equipo de sillón y otra de agenda para recepción. Cada tratamiento de conducto, corona o carilla muestra su etapa con una frase simple, no con siglas. La higiene familiar quedó como recordatorio automático cada seis meses.
Ahora cualquier persona del consultorio puede responder por teléfono en segundos. El presupuesto por escrito se genera desde la misma ficha, sin reescribir datos, y las derivaciones a especialistas quedan registradas con fecha y motivo.
El primer prototipo tenía demasiados colores y alertas. En una semana de uso real en Molonglo Valley nos dimos cuenta de que el equipo ignoraba los avisos porque aparecían todos los días. Redujimos las alertas a tres casos concretos: paciente con sensibilidad post blanqueamiento, control de ortodoncia vencido y presupuesto sin confirmar. Con menos ruido, el tablero se volvió útil de verdad.
También ajustamos el lenguaje. Palabras como "conducto" o "carilla" se entienden en el consultorio, pero cuando el paciente lee su propio resumen conviene explicar en una línea qué implica cada etapa. Eso redujo las consultas repetidas sobre lo mismo.
Podés ver el punto de partida de esta serie en Client Onboarding Portal, o escribirnos desde contacto si querés coordinar una visita al consultorio.
Sobre quien escribe
Atiende desde hace once años en consultorios de barrio, con paso previo por clínicas de Canberra y Queanbeyan. Se formó en odontología general y estética, y buena parte de su trabajo diario pasa por explicar bien qué se va a hacer antes de tocar la boca del paciente: revisión, diagnóstico, opciones y presupuesto por escrito.
En Molonglo Village Dental lleva los casos de higiene, blanqueamiento, carillas y coronas, y deriva a especialistas cuando el tratamiento lo pide. La ficha clínica se mantiene digital, así que el historial viaja con el paciente entre visitas y no se pierde entre consultas.
Trabaja con obras sociales locales y planes de pago, y suele reservar horarios temprano y después de las seis de la tarde para quienes salen de trabajar en los desarrollos nuevos de la zona.